Qué mejor para una tarde lluviosa y fría que un reconfortante couscous de cordero. Caldo humeante de verduras sobre sémola, habas, pasas y carne tierna. Y para terminar de consentir al cuerpo con aromas y sabores que quitan el frío, thé de jazmín perfumado con gotas de escencia de naranja. Los dulces árabes, imprescindibles. Así que para refugiarse del frío y la lluvia en horas de comida, visiten La Casbah, restaurant maghrebí.
Amsterdam 194, esq. Chilpancingo. Tel: 5564 6826.
(iPhone Post)
"No estoy solo, estoy twiteando", es una frase cuya autoría nos
disputamos PC y yo, que aplica perfecto a una visita que hice en
solitario al Costa Dorada, donde se supone sirven el mejor pescado a la sal de la Ciudad.
M no es muy entusiasta de este platillo así que aproveché para hacer la visita. A mí en cambio, me fascina el pescado a la sal y creo que los recuerdos de mi infancia en Barcelona son culpables de ello. Aquellas noches en que iba a cenar con mis padres y hermano a un restaurante en la Barceloneta, cuando de pronto llegaba a la mesa una montaña de sal dura y bronceada. Romper la sal era para mí tan emocionante como desenvolver un regalo. ¡Sorpresa!: un delicioso vapor con aroma a mar y una carne blanquísima.
En compañía de esos recuerdos me acomodé en una mesa del Costa Dorada. También me acompañaba mi iPhone así que decidí hacer una crónica de la comida en Twitter, misma que a continuación transcribo:
Solo como perro amarillo en el Costa Dorada, donde se supone sirven el mejor pescado a la sal de la ciudad. El olor a pescado es notable.
Local de cincuentones. La edad les da la paciencia necesaria para esperar los 45 min. que tarda cada pescado a la sal. Nadie pide otra cosa.
El lugar es sencillo pero agradable. Acaba de llegar la sopa de mariscos con Pernod del vecino y huele deliciosa. http://twitpic.com/3jtbq
Ya llegó. Un hermoso robalo. La carne se ve jugosísima y humea delicioso. http://twitpic.com/3jusy
Hmmmmmmmm. Está delicioso. La costra era de sal fina y agua, no más. Y sí, el robalo está verdaderamente jugoso. http://twitpic.com/3jvmd
A pesar de que
desconfío de los restaurantes con alfombra, por el pescado a la sal, sí
lo recomiedo. Y los higos con oporto están muy buenos
Ups! 716 pesos por la comidita. Bueno, fueron entrada, platillo principal, postre, botella de vino de 375ml. y 12% de propina.
View Diario de un aprendiz de sibarita in a larger map
A pesar de mi natural desconfianza hacia la comida banquetera, la apasionada crónica de R sobre las ham
burguesas al carbón que preparan en un puesto sobre Universidad y San Lorenzo me animó a probarlas.
R hablaba de aquellas hamburguesas con la emoción de un adolescente relatando a sus cuates alguna verdad a medias sobre él y una chica en la última fila del cine. Yo, al igual que con mis amigos de cuando tenía 15 años, callé mis dudas sobre la veracidad de lo que R contaba y me dirigí al puesto callejero a pedir una con queso.
Han pasado cinco horas desde entonces y sigo eructando carbón como un dragón venido a menos.
Sin embargo debo admitir que a pesar de los efectos secundarios, la experiencia no fue en absoluto desagradable. Dar con un local bullicioso siempre te genera cierto entusiasmo; más aún si es a pesar de las incomodidades callejeras. De hecho, mientras el puesto de tacos vecino estaba desierto, en éste había cola y tuve que esperar parado (todas las sillas estaban ocupadas) durante 20 minutos para que me despacharan mi hamburguesa, papas francesas y Boing de guayaba.
Luego está el espectáculo de luz y sonido cortesía de las llamas de medio metro, provenientes de la parrilla y el chisporroteo de la carne cruda en proceso de carbonización. Fue en ese momento cuando sentí un gruñido estomacal, demandando la satisfacción de la que ya disfrutaban ojos y oídos.
Lo confieso, me fascinan las hamburguesas. Sé que a un aprendiz de sibarita esto no debería ocurrirle, pero admito que tienen en mí el efecto curativo del chocolate en una mujer deprimida.
No es que me la pase comiendo hamburguesas a escondidas, pero si estoy triste, me siento solo, o estoy pasando por algún cambio importante en mi vida, invariablemente termino comiéndome una.
Así ocurrió cuando estaba solo y varado en el Pacífico Sur. Agotado tras cubrir la aparición de unos pescadores mexicanos en las islas Marshall, llegué a Honolulu y lo primero que hice fue dirigirme a un local de hamburguesas. La tarde después de que nació F. terminé en el Chazz de Periférico Sur (¿verdad Paco?). Esta vez no tenía a nadie con quién comer, así que con el pretexto de hacerle caso a R, aproveché.
De vuelta en mi oficina, al fin pude probar la famosa hamburguesa que a falta de sillas libres en el puesto me vi obligado a pedir para llevar.
Manos batidas como se debe, fue como comer un jugoso y suave trozo de carbón, deliciosamente aderezado con jalapeño picado, tomate, lechuga, mostaza y catsup. Quizá no sea la mejor hamburguesa que he probado, pero sí la mejor que se puede conseguir en los alrededores, repletos de Burguer Kings y McDonalds.
El local tiene además la enorme ventaja de que nunca cierra. Uno puede disfrutar de sus hamburguesas de carne o pollo, papas y hot dogs, las 24 horas, de lunes a domingo. También hay una bici y un teléfono conectado a un poste de la calle para recibir pedidos a domicilio (56057503).
Mi única preocupación la provocó un pequeño letrero pegado a la vitrina: Contamos con medidas recomendadas de “higiene” para su salud.
Espero no entender esta noche en el baño (sentado en, o arrodillado frente a...) por qué “higiene" estaba escrito entre comillas.
Aunque son más limpios e inteligentes que los perros, nunca tendría uno de mascota. Además, la tentación de alimentarlo exclusivamente con bellotas o clavarlo en un horno antes de que cumpla tres meses sería demasiada.
Un festín de comida Thai en casa. Así celebramos M y yo el fin de la contingencia A H1N1, sin necesidad de afrontar las calles atiborradas de chilangos ávidos de reconquistar su ciudad.
Desde que Da, mi ex vecina tailandesa, dejó el departamento frente al mío hace tres años, no tenía este privilegio. Solía llegar a casa, olfatear el pasillo y tocar la puerta de Da para preguntar qué había de cenar. Me sentía único. ¿Quién puede presumir de tener una talentosa chef tailandesa que te regala comida a dos pasos de casa?
Anoche tuve un déjà vu, de nuevo disfruté de la cocina de Da en la comodidad de mi futón, frente a la TV, pero para fortuna de muchos, he dejado de ser un privilegiado; ahora es cosa de presentarse en Thai Spice, el flamante restaurante de Da sobre la calle de Sonora, en la Condesa, o pedir a domicilio para disfrutar de su cocina con toque casero.
Creo que eso último es lo que la distingue. Lejos del Bangkok y aún más lejos del Thai Gardens, la cocina de Da es cero pretenciosa. Sus Pad Thai, sus Spring Rolls o el arroz jazmín buscan, más que apantallar, comfortar, aunque al final logra ambos.
Una buena: Hoy domingo 10 de mayo, Da regará comida en el foro del Parque México. Una mala: Tienen como 13 horas para leer este post y enterarse a tiempo. Otra buena: Siempre está la opción del local en Sonora 49, colonia Condesa (frente al Seps). Los martes y viernes de 13:00 a 17:00 horas hay buffet. El teléfono para comida a domicilio o banquetes privados es 5256 4518.
Porque ustedes lo pidieron, el teléfono de contacto de Memo es (55)5393 2118. Si les contestan en una veterinaria no se extrañen, es un truco para ahuyentar pedidos no deseados. La producción es limitada, así que solo se vende a conocedores. Digan que hablan de parte del Aprendiz de Sibarita.
Memo es un talentoso diseñador gráfico de Reforma que por alguna razón desconocida, ha decidido incursionar en el cultivo de las setas. Suerte la mía.
Ahora ocupa su tiempo libre distribuyendo unas espectacularmente frescas y blanquísimas setas que nos han impuesto una afortunada rutina: Él las corta los domingos por la tarde y yo me las ceno el lunes. Más frescura es casi imposible. Y se nota. Nada que ver con las setas amarrillas y de puntas quebradas que compras en el súper.
El sabor es tan delicado que basta pintarlas con aceite de oliva, cocinar en una sartén y sazonar con sal de mar para disfrutarlas.
Esta noche me puse más creativo y las preparé al ajillo con tiritas de jamón serrano; quedaron espectaculares. Ambas preparaciones las maridé con un Tío Pepe ligeramente frío y el resultado fue insuperable.
¿Alguien se suma a la rutina?
Estimado restaurantero en crisis,
Va una idea descabellada, pero que al menos en el caso de este local londinense parece que funcionó. ¿Resultaría en México?
Ofrece restaurante pagar 'al gusto'
Un restaurante londinense decidió suprimir los precios este mes, y permite a los clientes pagar lo que quieran por sus comidas. "Cualquier cosa entre un céntimo y cincuenta libras (70 dólares) me
alegraría, está totalmente en manos del cliente la decisión", dijo
Peter Ilic, dueño de Little Bay, ubicado en el centro de Londres... (ir a la nota completa)
Refrescante. Eso es Stampa de Mar, un restaurante de pescados y mariscos en una hermosa casona porfiriana de la Roma, decorada con sencillez y buen gusto, donde puedes probar unos ricos cocteles a la "hágalo usted mismo".
Basta entrar al local para empezar a disfrutar de un espacio amplio,
con techos altos de los que cuelgan unos candeleros que resaltan el
aire porfiriano.
Las paredes perfectamente blancas, el piso antiguo de rombos verdes y blancos, los manteles blancos, las sillas de madera y un espejo enorme que lo reflejan todo conjugan un ambiente perfecto para relajarse y prepararse para lo que sigue.
También se antoja la barra que está sobre la calle, con vista al interior del local o las mesas con sombrilla colocadas en la banqueta.
Los platillos de la carta son los que normalmente encontrarías en el menú de cualquier restaurante de mar, salvo por un escolar a las brasas que se les había terminado. Así que pedí un robalo al mojo de ajo muy agradable.
Lo verdaderamente novedoso de la cocina de Stampa de Mar es su oferta de cocteles elaborados al gusto del consumidor.
Al principio sentí como si me hubieran teletransportado por la fuerza a
una de estas taquerías en las que debes llenar una hojita para ordenar;
algo que no parecía venir al caso con el concepto del restaurante, pero la extrañeza se convirtió en entusiasmo cuando comencé a leer
algunos de los ingredientes a escoger.
Además de camarón, caracol y ostiones puedes agregarle bonito; como guarnición puedes optar por orégano y cebolla morada (además de los ya tradicionales jitomate, cebolla blanca, aguacate y cilantro) y como aderezos hay alcaparra, aceituna, limón amarillo y Tío Pepe.
La salsa típica de coctel está espectacular; la "natural", hecha a base de caldo de camarón y naranja será mi pretexto para volver.
Orizaba 28, esquina con Puebla (frente a la Sagrada Familia), colonia Roma. Tel. 5207 0731 y 0741
Huyendo del frío ruso, Galyna Ionova se refugió en las calles del DF donde se gana la vida vendiendo tamales elaborados por ella. Habrá que ir a darse una vuelta al Deportivo Plan Sexenal (cerca del Metro Popotla) para probar.
Promete superar mi experiencia en otro local ruso, el Kolobok.
Fue la simpleza del nombre del restaurante lo que me hizo detenerme cuando pasé frente a él por casualidad. La Lasagnería, así, sin más; un nombre al que sólo alguien con una confianza absoluta en que sus lasagnas son las lasagnas de la Ciudad podría aspirar. Una afirmación bastante pretenciosa y arriesgada.
Así que me acerqué preparado para un gran descubrimiento o una enorme decepción y encontré un local casi vacío salvo por la mesa desde la que un tipo rubio, ataviado con una filipina, de arracadas en ambas orejas me dijo que no había servicio porque esa noche habría un evento privado.
Es un local extraño, pintado de rojo y franjas blancas que ondean sobre los muros con rumbo desconocido; como una versión sicodélica del logotipo de la Coca Cola. Junto a una de las mesas hay un medidor de agua color morado. No me pareció que alguien quisiera hacer un evento ahí y eso alimentó aún más mi curiosidad. Decidí que volvería.
Lo hice a la semana siguiente, unos días antes de navidad y de nuevo el lugar estaba vacío. Me senté junto al medidor morado y apareció el mismo tipo rubio, esta vez para decirme que tenía un pedido grande y por ello no había lasagnas pero sí algunos de los otros platillos del menú. Empezamos a repasarlo y de nuevo me pareció que la modestia estaba peleada con el lugar. "Todos los platillos están preparados con deliciosos secretos del chef", afirma el menú.
Sin embargo, había platillos que me llamaron la atención, como la chapata de anchoas con queso cottage, nuez y arúgula, los vegetales asados con miel o las albóndigas a la naranja con rissoto cremoso. No obstante preferí algo más tradicional: una sopa de jitomate y una pasta a la putanesca. El show estaba por comenzar.
Tomada mi orden, el chef se dirigió a la micro cocina que se puede ver desde el área de las mesas y encendió la música. Comenzó a preparar mi comida al ritmo de un grupo uruguayo llamado Astroboy que me sonó a punk-rock estilo The Clash .
Su forma de cocinar era un reflejo de su look desenfadado. Cantaba en voz alta, medio bailaba mientras lanzaba los ingredientes sobre el plato, entraba y salía de la cocina para atender a algunos clientes que habían llegado. En un momento dado incluso se acercó a mi mesa para echarle más alcaparras a mi platillo directo del frasco de vidrio en que las compró con el argumento de que no quería desperdiciarlas. Todo a un ritmo vertiginoso, como si fuera un integrante más de Astroboy. Disfrutaba lo que hacía y yo verlo ejecutar acto multinstrumentista.
¡Buenísima la pasta a la putanesca!¡Pum! Las anchoas, las aceitunas y un ligero picor atacaron mi paladar al mismo tiempo de manera suculenta. No era en absoluto un sabor refinado; era más bien alocado (de nuevo, como su autor) y original. La pasta y la sopa parecían emanadas de la música de fondo y sí, algo las hacía especial. Empecé a creer aquello de los secretos del chef.
Quedé encantado y desde aquella primera vez, he vuelto en dos ocasiones más. Ya probé la lasagna así como la chapata de anchoas y me parecieron fantásticas, siempre acompañadas de un aceptable vino de la casa. Los precios también destacan; traer en la bolsa 150 pesos es suficiente.
Con poco más de tres meses abierta, La Lasagnería ha resultado un verdadero descubrimiento.
Miguel Laurent 1202E, col. Letrán Valle. Frente al Parque de los Venados, entre Palenque y Petén. Tel: 04455 1234 5158
Este fin de semana tuve el gusto de conocer a Dominique y el placer de probar sus croissants.
No hay para mí mejor regalo matutino que desayunar un latte cargado y un croissant. El problema es que si bien es difícil encontrar lo primero, más difícil aún es encontrar lo segundo.
Problema resuelto. El hojaldre del croissant de almendra de Patisserie Dominique crujía con suavidad en mi boca mientras dejaba descubierto al paladar una pasta de almendras inmejorable. El café exprés que tomé, a la altura del croissant.
El local es otro placer: un espacio acogedor y mínimo, en el que apenas cabe un escaparate donde se presumen unas tartas de aspecto suculento y un par de mesas, tan cercanas una a la otra que hacen casi imposible que exista más de una sola conversación en el lugar. La tentación de opinar sobre lo que se dice en la mesa de junto es irresistible y dudo que alguien pueda evitarlo; algo que, al menos en mi primera visita al lugar, resultó enriquecedor.
Ahora sólo queda un asunto más que sortear: convencer a Dominique de hornear sus croissants (de mantequilla y de almendra) a diario y no solamente los viernes y sábados. Será cosa de generar la demanda. Ahí te lo encargo, amable lector.
Patisserie Dominique: Chiapas 157 A, col Roma, casi esquina con Medellín, atrás Pabellón Insurgentes.
PD
Interesante oferta culinaria la que se está arremolinando en esta calle de la Roma. A unos locales de Dominique está el restaurante La Antigua Cortesana que presume de buenos platillos que definen como "comida artesanal mexicana". Ya en la esquina de Chiapas y Medellín hay un local de pastes hidalguenses. Al pasar casi me detengo a comprar la cena. Habrá que visitarlo pronto.
Es muy probable que yo haya sido el primer cliente del Mosaico de la Condesa. Hará unos nueve años casualmente pasé frente al local la mañana de su inauguración; estaba vacío, entré y pedí un croissant y un exprés. Buenísimos. Esa misma tarde volví para comer. Supe que había encontrado el restaurante del resto de mis días y a partir de entonces no pasaba una sola semana sin que fuera al menos una vez.
La comida era reconfortante, todos los meseros me llamaban por mi nombre y se desvivían por atenderme de maravilla (tragos y postres gratis incluidos). Mosaico era un verdadero restaurante de barrio, donde te encontrabas con tus amigos y vecinos, donde los meseros te conocían mejor que tu psicoanalista.
Sin embargo esos maravillosos años murieron. Con el nacimiento de F dejé de ir por cerca de seis meses y cuando volví el Mosaico era otro. Seguía siendo un buen restaurante, pero después de que lo compró Grupo La Mansión poco a poco fue perdiendo su encanto original. Subieron los precios, extendieron horarios, cambiaron a casi todos los meseros, la comida no era tan buena y el ambiente de barrio desapareció.
No obstante, me reencontré con aquellos placeres perdidos en un local que justamente lleva por nombre Los Placeres, en el que trabajan varios meseros del viejo Mosaico así como uno de los chefs del Champs Elysees, restaurante que también fue adquirido por La Mansión. Fue como haber regresado a la calle de la infancia para redescubrir juegos y amigos olvidados.
Apenas abrí la puerta del auto y ahí estaba para recibirme Ricardo, uno de los capitanes de mesero del Mosaico de mis recuerdos. "Señor Luis cómo está", me dijo como si nos hubiéramos visto hace apenas unos días.
Los Placeres es un local correcto, sin pretenciones. No es para ir a ver y que te vean, ni para ir en bola, ni para sentir que estás comiendo lo último en tendencias culinarias. Uno va a Los Placeres a disfrutar de platillos ejemplarmente logrados, típicos de bistro; tan sencillos que más de uno diría "yo pude hacerlo" como quien al ver a Tiger Woods cree que hacer un hoyo en uno es fácil.
Empezamos la comida con unos callos salteads en mantequilla y una ensalada verde con aderezo de anchoas y queso parmesano. Después pedimos un salmón a la plancha perfecto y unos suculentos sesos a la mantequilla negra. Hasta F, con su año 10 meses, disfrutó de todo lo que pedimos.
Creo que no había platillo que no se antojara, casi todos emanados de la carta del Mosaico o del Champs. Los precios también son sorprendentes. Salvo el jamón ibérico de 350 pesos, nada en la carta pasaba de los 250, precios muy razonables tomando en cuenta la calidad y porciones. Y por si la excelente comida no fuera suficiente, probamos un vino que me sorprendió. Se trata de un vino de la región catalana del Priorat llamado Els Cups. Exquisito y a muy buen precio.
Un helado de vainilla, un pay de calabaza y un buen exprés cerraron una tarde de reencuentro culinario.
Los Placeres: Pachuca 96, entre Fernando Montes de Oca y Juan Escutia, en la Condesa. Tel: 55 5212 0105
"Todo lo que se mueve se come"; esa es la frase fundacional de este blog. Pero creo que nunca tuvo tanto sentido como ahora. Estas fotos van para Marco, para aquellos que no me creen capaz de experimentar más allá de las puertas de un restaurante y para quienes vayan a sacar su pasaporte a la Delegación Benito Juárez.
Metros más adelante sobre la calle en la que se encuentra la oficina delegacional de Relaciones Exteriores busquen una pick up destartalada color crema, caja dorada y un letrero de tela que dice "La Cajuela". Pidan sin inhibiciones cualquiera de los tacos que se ofertan en la pizarra blanca de oficina, no se van a arrepentir.
Ya bastante necesitado de mi latte doble carga matutino, prácticamente corrí al mostrador del Toscano sin fijarme en nada más, así que tuve que negar cuando M. me preguntó si no había visto quién estaba sentado en una de las mesas de la calle. Miré hacia allá y reconocí inmediatamente la calva célebre de John Malcovich. El tipo no solo sabe actuar de maravilla sino que también sabe dónde beber buen café aún estando en México, pensé.
También descubrí que sabe utilizar ese aire de indiferencia altanera no sólo en pantalla. Mientras que a muchos que estábamos ahí nos hubiera encantado sentarnos a charlar con él, el único que tuvo las agallas de hacerlo fue uno de los loquitos del barrio (en la Condesa hay varios), quien en su eterno traje gris y corbata hizo rechinar la silla frente a Malcovich antes de sentarse en ella; cruzó las piernas y sacó un cigarro para fumárselo mientras veía al actor con una risa entre burlona y retadora, como diciendo aquí la estrella soy yo. Malcovich pretendió no haberse ni enterado y siguió leyendo lo que parecía un guión. Buen café y siempre cool. No cabe duda que Malcovich es uno de los míos.
Cuando EH me contó que el Condado de Haza 2005 había recibido 93 puntos en Wine Spectator desconfié. Hace bastantes años había probado uno de estos vinos elaborados en Ribera del Duero y a lo sumo me pareció aceptable.
La observación de EH pasó al olvido hasta que me topé con el vino en La Europea. Solo porque debía llevar un par de botellas a una comida familiar y porque costaban unos aceptables 23o pesos, me animé a comprarlas. Y oh sorpresa, el vino estaba verdaderamente bueno; lejos, muy lejos de la impresión mediocre que tenía sobre la marca.
Al día siguiente me metí a Wine Spectator y efectivamente, el Condado de Haza 2005 podía presumir de tener 93 puntos y ser un vino "Highly Recommended", a diferencia de otras añadas que no pasan de los ochentaitantos puntos.
Cerezas negras, humo, y notas de expresso son algunos de los aromas y sabores que se pueden encontrar en este vino según la nota de cata. Yo agregaría que se disfruta como un vino de 600 pesos para arriba.
Así que mi recomendación es que vayan a su vinatería de confianza para hacerse de un buen número de botellas (no se preocupen, tienen 10 años para beberlas). Eso sí, ahórrense la visita a La Naval de Insurgentes. Yo fui ayer.
Gracias Chivas
Salvo lo que ocurre con el Barça (mi equipo desde la infancia), me importa poco seguir el futbol. Sin embargo, por asares del destino, no solo me vi envuelto en una apuesta sobre el resultado del América Vs. Chivas sino que la gané. ¿Qué hacer con esos 1mil 800 pesos si no invertirlos en una buena botella de vino? Se aceptan sugerencias.
A continuación comparto un muy interesante intercambio ciberepistolar entre un lector del blog y yo.
Marco tiene razón. Al momento de probar cualquier platillo, la experiencia puede ir más allá del sabor. Para él, en la comida callejera también se pueden detectar el sabor a pueblo y el olor de las ganas de superación. Me parece interesantísima su manera de ver la comida y me muero de ganas de experimentarla. Mi único problema es que Marco no me recomienda ningún puesto en específico y así como no todos losrestaurantes son buenos, tampoco creo que cualquier local callejero lo sea.
Así que si alguien me tiene una sugerencia para comenzar a incursionar en este tipo de aventura gastronómica, compartan.
Hoy mi gira laboral por la República me trajo a Oaxaca y mis cinco sentidos (sí, los cinco se utilizan al comer) lo están disfrutando sobremanera.. Estoy en el restaurante La Casa de la Abuela y la vista hacia las copas de los árboles de la plaza central es relajante. También lo es el murmullo de una marimba que suena detrás de la historia que cuenta mi compañero de mesa sobre un niño mixteco que aprendió español hasta los 10 años pero que a los 18 obtuvo trabajo como corrector de estilo para después convertirse en uno de los directivos del diario más importante de Oaxaca.
Es difícil creer que hace dos años esta hermosa plaza fue campo de batalla entre la APPO y la PFP. Hoy, a pesar de que el turismo aún no se recupera y la ciudad enfrenta una terrible ola de secuestros, en La Casa de la Abuela se respira esa tranquilidad de provincia perfecta para acompañar este mole de almendra que tengo enfrente, quizá el más refinado de los siete tipos de moles que existen.
A diferencia de la intensidad que caracteriza a la mayoría de los moles, éste tiene un aroma y sabor sutil y ligero, no apto para impacientes. El mole de almendra hay que comerlo despacio; es uno de esos platillos que no revela su complejo sabor a la primera, al contrario, hay que tratarlo con la paciencia de quien mira una y otra vez por el orificio de un caleidoscopio para descibrir sus inumerables combinaciones de luz. El tiempo invertido definitivamente vale la pena.
Pero mis pruebas de paciencia no terminan. En una búsqueda relámpago por un buen mezcal entre los pasillos del mercado, encontré uno añejado durante cinco años. Pero tendré que esperar al menos hasta el fin de semana para ver qué tal.
Cosa extraña; estoy en León Guanajuato, en el restaurante que tres locales me recomendaron como el más típico de la ciudad y estoy comiendo un churrasco con la voz de Gardel como música de fondo.
Desde que supe que tendría que venir a León por razones de trabajo, me entusiasmé con la idea de descubrir la cocina guanajuatense. Qué mejor lugar para ello que la ciudad más próspera del estado, pensé. Pero para mi sorpresa resultó que ya la conocía y que la he degustado infinidad de veces sin saberlo. Todo por haberme dejado llevar por la ridícula idea de que se trataba de comida argentina solo porque en estos restaurantes leonenses, tan populares en el DF, tienen por costumbre colgar retratos de Maradona, presumir murales de la pampa argentina (¿o es que son de la pampa guanajuatense?) y contratar bonaerenses para atender la parrilla.
De hecho, todo parece indicar que la comida típica de esta ciudad la inventaron dos exfutbolistas argentinos que jugaron con el equipo local en los años setenta para después fundar el Rincón Gaucho. Gracias a su legado, los habitantes de esta ciudad consumen vacíos y bifes con la misma naturalidad con la que un yucateco come cochinita pibil.
“Ahí se sirven platillos tradicionales, es el mejor restaurante de León”, comentó una de mis fuentes. “Tiene tanto tiempo que poco a poco han ido sumando platillos de la región”, aseguró otro. Nada más lejos de la realidad... salvo que se hayan referido a las tortillas y chiles toreados que el mesero trajo a la mesa.
No obstante, debo admitir que comí bastante bien, aunque creo que existen mejores restaurantes leonenses en la Ciudad de México.
Pero pongámonos serios. ¿Cómo será entonces la comida tadicional de Guanajuato? Parece que en León no encontraré la respuesta. Quizá la respuesta esté en el excelente restaurante El Bajío de la Ciudad de México. La próxima vez que vaya pediré que me indiquen si algún platillo de la carta es guanajuatense.
El otro restaurante que me recomendaron tanto mis amigos como un taxista, fue el Panteón Taurino, que tampoco tiene nada de regional. Su especialidad son los tacos “de todo” y la ocurrencia de que las mesas simulan ser la lápida de algún extinto torero famoso. Concepto cero apetecible. No cabe duda que la comida y el deporte están íntimamente relacionados en la cultura culinaria leonina.
Cierro los ojos, aspiro y un aroma intenso a café invade mi nariz; el olor a exprés es relajante. Abro los ojos, noto que los horrendos vasos de unicel y cartón no existen más a mi alrededor, sólo tazas de porcelana o de vidrio. Tomo con mis dedos el asa de una taza marca Könitz diseñada expresamente beber café exprés: en su base hay un pequeño chipote que fomenta la creación de la crema. Bebo y sé que no hay mejor café en kilómetros a la redonda. Por si fuera poco, esta experiencia sólo me ha costado nueve pesos. ¿Dónde estoy? En mi oficina.
Hasta hace unos días, la necesidad en horas laborales de un café a media mañana o a media
tarde era como elegir entre echarme una sobremesa con Kawahgi o una con Fernández
Noroña. Debía escoger entre un Nescafé horrendo de siete pesos, un café
mediocre y frío traído de Coffe House, jugar a la ruleta rusa del
exprés con los baristas de Café Caffé cuya destreza oscila entre
aberrante y lamentable o invertir media hora para ir a Starbucks y
tomar algo aceptable.
Hoy las cosas han cambiado gracias a que cinco amigos de la oficina y yo hemos adquirido una cafetera Nespresso: una
línea de máquinas de exprés y 12 mezclas distinas de café en cápsulas
que facilitan las cosas para quienes desean tomarse una buena taza de
exprés sin mayores complicaciones de logística.
Llego a mi lugar, tomo una cápsula de Ristretto, inserto, pico un botón, espero 10 segundos y listo,
obtengo un café aromático, de duración prolongada en el paladar y una
crema hermosa. Y para la limpieza sólo hay que vaciar el depósito donde caen las cápulas.
También está la ventaja económica. A nueve pesos la taza, versus los
18 de un café malo o los 21 de un Starbucks que es lo más decente que
hay alrededor de mi oficina, este año me voy a ahorrar al menos 4 mil
pesos en esta afición potencialmente costosa.
Pero no me malinterpreten, no estoy vendiendo mi alma de aprendiz a la "automatización" del arte barista. De hecho, los fines de semana procuro seguir peleándome por lograr ese exprés o latte perfectos, hechos con mis propias manos. Se trata simplemente de dejar de sufrir durante la jornada laboral, de rebelarme contra las cafeterias que no aman lo que hacen... y contra ese café "cortesía" de la empresa que en las noches he visto que los de intendencia utilizan como destapacaños.
PD
No, a pesar de mis intentos por convencerlo, Pacasso no le entró a la compra de la cafetera.
.
Paco no echa nada en saco roto. Escucha siempre con atención para después procesar lo percibido de la manera más extraña, creativa y divertida; incluidas algunas de nuestras conversaciones que han ida a parar a Ozonóvoros, la tira que publica en el periódico Metro pero que ahora también ha convertido en blog. Así quedaron plasmadas, en reflexion sarcástica, la charla que tuve con Paco sobre un delicioso pavo que cociné con un amigo y la fortuna que dejo en Starbucks de lunes a viernes (cosa que ya no ocurre gracias a algo que comentaré en mi próximo post).
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Para más sobre las tribulaciones de quienes vivivimos encapsulados en la nata de ozono de la Ciudad de México, visiten http://pacasso.typepad.com/ozonovoros/.
Decenas de australianos llegan a la
ciudad fronteriza en búsqueda de un pasaporte que allí consiguen
fácilmente. Lo sella la muerte![]()
Luis De Uriarte![]()
Ciudad de México (18/5/2008).- Los turistas de la muerte: Primera parte
Era Día de San Valentín y Don Flounders caminaba por las calles del Centro de Tijuana. Aún podía sentir los efectos secundarios de la radioterapia recibida días antes en Australia. Producto del tratamiento contra un cáncer terminal que le detectaron el año pasado, estaba mareado y sentía que le fallaban las piernas con tanto sol y tanto calor. Cuenta que en dos ocasiones fue a dar al piso y terminó con dos costillas rotas, justo en el lado donde se encuentra su tumor.
Con 78 años, Flounders nunca imaginó que viajaría a México, y menos a Tijuana. Sin embargo, aunque a 12 mil 778 kilómetros de distancia, éste era el destino más cercano en el que podía comprar, sin receta ni preguntas indiscretas de por medio, un medicamento veterinario de uso restringido con el que pretende quitarse la vida cuando la agonía de su enfermedad sea insoportable.
"En ningún momento estuve preocupado por lo que hacía. El trato de los dependientes de las tres farmacias veterinarias que visité no pudo ser más útil ni amable", cuenta Don en entrevista con Grupo REFORMA realizada por teléfono y correo electrónico, desde su casa en Australia...
Estimados:
Lo anterior es el inicio de un reportaje de tres partes que escribí para REFORMA, Jack Daniel's en mano. Hoy se publicó y lo pueden leer en el diario o haciendo click aquí.
Saludos
Siempre agradeceré los comentarios que me envían los lectores de este blog, incluso de los que me escriben para tacharme de pecador. Así que gracias al adminisrador del restaurante ruso Kolobok por la opinión que colocó en un post que hice sobre su restaurante hace poco más de un año. Más vale tarde que nunca. Aquí va:
Que interesnate...siquiera probaste la comida rusa? Pues que pena por los mexicanos como tu! Las empanadas son rus-mex por que desde que teniammos el puesto, como lo confirmo uno, ustedes, mexicanos, pidieron los rellenos rus-mex! Perdon, pero no les gustan empanadas de col o huevo cocido! Y para terminar quiero recordar una frase: La invidia es el peor pecado!!!
Estimado Administrador:
De verdad gracias por tus comentarios. Si yo puedo escribir mi opinión sobre tu restaurante, es perfectamente válido que tú puedas enviar tu opinión sobre mi opinión. Aprovecho para comentarte que sí probé la "comida rusa" y que he realizado un ejercicio de introspección y no, no te envidio. Estoy seguro de que no tengo deseos de hacerme de un local de empanadas rus-mex.
Al fin empieza a entender eso de pasarse horas en un café. Se sentó muy a gusto sobre mis piernas, en una mesa exterior desde donde dominaba el Parque México. Con una mano señalaba hacia la acera de enfrente cada vez que veía un perro; con la otra sostenía su babyccino preparado por Erandi. Es curioso, la leche no le gusta en absoluto, salvo, acabo de descubrir, espumada en una taza para expreso.
Nunca he sido aficionado al chocolate, pero siempre me ha quedado claro que la chocolatería fina es mucho más que los pretenciosos Ferrero Rocher que alguna vez anunció Luis Miguel. El comercial era patético. Charolas con pirámides de Ferrero Rocher circulaban en un elegante recital; una mujer ataviada en un vestido rojo toca el piano mientras ve llegar a un distinguido caballero: ¡Es Luis Miguel! Él se acerca, la conquista con su mirada y, por supuesto, colocado un chocolate sobre la cola del piano. Fin. Empalagosamente aspiracional.
Si bien sabía que hacer verdaderamente buen chocolate es un arte, nunca me había tocado probarlo hasta esta noche.
M y yo nos sentamos a cenar frente al televisor. Servi un Asti (vino espumoso dulce) bien frío y abrí la hermosa y moderna caja con 10 piezas de chocolate que esa misma tarde había comprado en la chocolatería Qué bo, en Polanco (Julio Verne 104-B y Explanada 730-7, Lomas). "No son dulces, no uso azúcar, leche ni crema... tengo chocolates hasta con 95 por ciento cacao de Chiapas", me había explicado José Ramón Castillo, chef propietario de Qué bo, mientras me daba a probar un chocolate de mole y uno de jamaica. La tienda y su carta, aun para un no chocolatero como yo, es una fantasía, una fábrica de Willy Wonka para sofisticados.
Pero volvamos al futón de mi casa. Con la copa en una mano, M y yo utilizábamos el dedo pulgar e índice de la otra para sacar cada chocolate de la caja con el cuidado de un relojero. Luego lo examinábamos cuál mercader de diamantes (estábamos comiendo unas joyas, así que me permito estas metáforas), lo acercábamos a nuestra nariz y de ahí a la boca: Cardamomo, vino tinto, queso roquefort, vinagre balsámico, romero... El ejercicio lo repetimos con la mayor lentitud posible, espaciando cada experiencia con un sorbo de Asti. Así nos pasamos una hora, comentado los sabores de cada chocolate así como las situaciones del segundo capítulo de la segunda temporada de "Los Soprano", nuestra nueva-vieja serie favorita. ¿Alguien me presta la siguiente temporada?
A Francisco, corresponsal en la Mii Plaza
Ya había confesado mi afición al Wii en el post donde contaba sobre mis sesiones de Wii con whiskey y mi entusiasmo por el juego Cooking Mama. Hoy vuelvo sobre esta consola gracias a la sobremesa de una comida en La Ostra, una marisquería verdaderamente buena en La Condesa.
No estaba poniendo demasiada atención a la conversación, mis almejas chocolatas eran mucho más interesantes a lo que oía, hasta que mi cuñado mencionó que gracias a una nueva función del Wii podías crear y compartir personajes virtuales (llamados Mii) y que alguien había creado uno idéntico a Felipe Calderón.
Por un momento me olvidé de la comida para descubrir que no sólo Calderón sino López Obrador, Fox y hasta Elba Esther Gordillo habían trascendido el mundo corporal para convertirse en beisbolistas, tenistas o boxeadores virtuales. No me imagino a nadie queriendo ser personificado como Elba para jugar Wii Sports, pero el tema me pareció muy comentable.
Esa noche escribí una pequeña nota que al día siguiente se convirtió en el video más visto de reforma.com. Ahí les va:
Pero volvamos a la iluminación de neones, las paredes de mosaico de alberca y las sillas Corona de La Ostra. Seguramente Rigo Tovar aprobaría la decoración.
Comenzaron a llegar los platillos y con ellos un creciente entusiamo, empezando por las tostadas de chipoltle para acompañar la comida.Pedí un ceviche y no llegó, así que opté por unos tacos de marlin; buenísimos.
Sin embargo la mejor estaba por venir: alguien comentó lo curioso que resultaba el nombre “Qulera” para una salsa, lei la etiqueta y resultó que los ingredientes incluían pimientos rojos, cosa que me llamó la atención. La probé y terminé llevándome una botella a casa.
Finalmente llegó el ceviche con “v” (lo aclaro por los cebiches peruanos que están tan de moda). Lo vi con extrañeza. ¿Es eneldo espolvoredo lo que trae encima? pregunté con la nariz a ras del pescado. "Sí", respondió M, “y también viene con alcaparras y bastante aceite de oliva”. La combinación resultó ser un acierto y sin duda el platillo insignia de La Ostra. Pagamos la cuenta y al rodear mesas rumbo a la salida entendí por qué el primer platillo que pedí fue el último en llegar. En casi todas las mesas había una orden de ceviche de pescado. Los comensales de La Ostra no comen al tanteo.
Marisquería La Ostra. Nuevo León 109, Condesa. A dos locales del Péndulo. Tel. 5286 3319. Lleguen temprano porque se llena, a veces de pretenciosos y ruidosos Hell's Angels wannabies.
Domingo 19:30 horas, al fin un respiro después de un arduo fin de
semana del que me siento especialmente orgulloso como papá. Anoche, por
primera vez logré que Fátima se fuera a dormir en cuna sin ayuda de su
madre. Hoy, como regalo de cumpleaños, envié a M a un largo tratamiento
en el Away Spa del Hotel W así que toda la mañana estuve a solas con mi
pequeña Tirana. La lleve a comprar algunas cosas que faltaban para su
primer día de escuela, que es la próxima semana, y luego al parque. Nos
la pasamos increíble y me sentí feliz de verla tan contenta mientras mi
orgullo de padre se desbordaba por los costados de una resbaladilla. M
regresó con una sonrisa enorme; un fin de semana redondo.
¿Y cómo festejar semejante par de éxitos? Pues retomando este olvidado blog, de la mano del mejor maridaje que conozco: oporto y queso stilton. Una combinación poco probable, pensé cuando me pasaron el tip, pero espectacular al intentarlo. La potencia del queso (es la versión inglesa del roquefort) y la dulzura del oporto resultan un descubrimiento sublime, ahí donde menos esperaba que lo sublime podría ocurrir. Mis éxitos de padre lo merecen.
Quedé verdaderamente sorprendido el día que descubrí que entre su extensa carta de vinos tenían banyuls --una especie de oporto producido exclusivamente en la frontera de Francia y Cataluña--. Eso fue hace unos cinco años, pero antier que volví a Tierra de Vinos (sucursal Roma) mi sopresa fue provocada por un efecto inverso: la selección de vinos era bastante rala. Además, la carta ofrecía muy pocas alternativas a lo de siempre.
No me malinterpreten, creo que este restaurante es muy bueno, de hecho lo visito al menos dos veces al año y al igual que hace dos días, siempre salgo satifecho. La tabla de quesos españoles, la chistorra al vino tinto y las patatas bravas que degusté con un grupo de buenos amigos estuvieron a la altura de siempre. El besugo con arroz negro y chipirones que escogí como plato fuerte, de nuevo, buenísimo.
Con ánimo de experimentar, confiamos nuestros paladares a un par de vinos australianos. Para acompañar las entradas escogimos un Sticks and Stones 2003 (46% Tempranillo, 41% Grenache y 13% Souzao), muy suave, floral al olfato y moras silvestres en boca. Altamente recomendable. Para los platos fuertes seleccionamos un afrutado y original viognier Yalumba "Y Series". Lástima que el vino no llegó con la comida, grave y básico error en un restaurante que aboga tanto por la importancia de los maridajes. No obstante, comimos y bebimos a placer.
Sin embargo, durante toda la cena no pude sacudir de mi mente el dejo de tristeza que sentí al ver tan mermados los estantes de vino que se encuentran a la entrada del local. En un par de ocasiones me descubrí hojeando una y otra vez la carta de vinos como quien busca insistentemente en la sección amarilla una página que ha sido arrancada.
Atendiendo la sugerencia de
varios de los lectores de este blog, decidí enviar el post sobre mi mala
experiencia en La Naval a sus oficinas centrales. Pero como en su página Web no
hay dónde enviar una queja decidí escribir a los correos electrónicos de todas
las sucursales, incluyendo la de Insurgentes que fue donde me trataron mal y
que, a diferencia de las demás, ponía el mail de su gerente. Ya sé cómo se
llama el tipo que me atendió, pensé.
Pues apenas
34 minutos después tenía una respuesta y para mi sorpresa de la sucursal de
Insurgentes. Lo primero que cruzó mi mente es que me iban a volver a maltratar
pero ahora electrónicamente. Nada más alejado de
la realidad. La carta era del gerente general de La Naval (no del gerente de la
sucursal) y en ella me pidió sinceras disculpas por lo ocurrido. "Los
clientes como usted son los que nos hacen mejorar", escribió.
Atención,
simplemente atención, es lo que pedía y el Señor José de León me la ofreció. Se
lo agradezco enormemente, no sólo porque me devolvió las ganas de regresar a La
Naval sino porque lo hizo justo ahora que se me acabó el café Illy, el
agua San Pellegrino y el jamón de jabugo.
A continuación transcribo
los dos correos electrónicos que me envió:
Sr. De Uriarte:
Lamento mucho la
desagradable experiencia vivida con el gerente de nuestra
sucursal de Insurgentes. Los clientes como usted son los que nos hacen
mejorar.
Tomaremos las medidas pertinentes para que esto no vuelva a suceder con
NINGUNO de nuestros preciados clientes.
Ofrecemos la más amplia disculpa y estamos a sus órdenes para lo que se le
ofrezca.
Muchas gracias
José de León
Grupo Celler-La Naval
Apreciable
Sr. De Uriarte:
Si algún día tenemos la alegría de tenerlo nuevamente por la Tienda, sería
un gusto atenderlo personalmente. No dude en preguntar por mí. Después de
pasar por prácticamente todos los puestos dentro de la empresa, a 15 años de
haber ingresado en ella, soy gerente general de todas las sucursales La
Naval.
Aprovecho este momento de desahogo de esta experiencia insatisfactoria para
ambos, para hacerle una cordial invitación para el día de hoy a las 11:00
de la mañana, en Insurgentes y Michoacán, donde tendremos una cata (interna
para las tiendas), con el Sr. Zuccardi, Director General de Bodegas
Zuccardi, y proveedor de algunos de nuestros mejores vinos exclusivos.
Atentamente,
José de León
A
continuación transcribo un intercambio en messenger con mi amigo PA, editor
general del periódico Metro.
Por los que no saben qué nick ponerse... Tecate says:
'...gastrónomo de afición, no de degustación, sino de elaboración, privativo
del frijol, el picante, los tamales y la tortilla de maíz, adicto al café más
por necesidad que por gusto al mismo...'
Luis (www.aprendizdesibarita.blogs.com) says:
¿y tu nuevo amigo es?
Luis (www.aprendizdesibarita.blogs.com) says:
¿¡El Caníbal escribió eso!?
Por los que no saben qué nick ponerse... Tecate says:
oh sí...
Por los que no saben qué nick ponerse... Tecate says:
dicho de otra
forma... me preocupas...
Nahh, pensé; hay demasiadas diferencias entre este Hannibal Lecter región 4 y yo. Me gusta por igual la degustación que la elaboración y si bien a veces tomo café por necesidad, es mucho más placentero hacerlo por gusto...
De pronto recordé la frase que define la filosofía culinaria que heredé de mi abuelo:
"Todo lo que se mueve, se come".
Felipe tuvo un sueño muy rosa: paredes rosas, cajas de cartón con fondo rosa y sobre todo, betún rosa.
Gracias a ese sueño, Felipe tiene desde hace tres meses su negocio propio llamado Cupccakes y yo la suerte de disfrutar de una selección de muffins insuperables, preparados todas las mañanas para quienes gustan empezar el día con el delite de sentir en la punta de los dedos la textura de un muffin recién horneado al separalo de su envoltura de papel.
El pan es para mí un ritual. Cada mañana, desde hace años y años, desayuno café express o latte, acompañado rigurosamente de un croissant o bisquet untados con mermelada de naranja. Sin embargo tengo dos semanas sin hacerlo, sustituyéndolos por un muffin de blueberry, plátano, fresa o All bran. El cambio de ritual es culpa de la excelente calidad y frescura de la panadería de Felipe.
Me encantan los croissants, pero el placer mañanero de un pan que no tiene ni una hora de haber salido del horno es imposible de igualar.
Luego están los cupcakes, generalmente poco atractivos para mi paladar, pero que en este caso me han sorprendido. Estoy seguro que en un rato más Fátima será fan por los distintos colores de betún que utiliza Felipe y por la creatividad con la que los decora. De hecho ya le pedí que fuera pensando en hacer una torre de diminutos cupcakes multicolores para la primera fiesta de cumpleaños de Fátima. Recomiendo especialmente el cupcake de limón y vainilla.
El único punto a mejorar en este local cuidado al detalle es el que he comentado sobre otros: el café. El que ofrecen es bueno, pero hasta ahí. Un día que iba con buen tiempo a la oficina y un muffin en el asiento de al lado, hice una escala en el Passmar. En una mano el mejor muffin de los rumbos, en la otra el mejor latte; el resultado: uno de los mejores desayunos que he comido en mucho tiempo.
Cupcakes. Chilpancingo 35 entre Aguascalientes y Tamaulipas, Colonia Hipódromo (es decir, la Condesa), delegación Cuauhtémoc.
Haz click aquí para localizarlo en la guía de mapas de reforma.com. Es de acceso libre.
Pero nunca más. Me explico: El domingo antepasado, como hago todos los fines de semana, fui a La Naval de la Condesa a comprar mis goodies, entre ellos un trozo de queso manchego español. Por la noche de ese mismo domingo lo abrí, partí un pedazo y al probarlo me di cuenta de que estaba malo.
Hasta ahí, todo bien, a veces las cosas no salen buenas. Así que con esa filosofía en mente y el queso manchego en mano regresé antier a la tienda a pedirles que me abonaran el precio del queso a las compras que haría en esa visita. La primera respuesta que tuve fue que la devolución no era posible porque no traía el ticket de compra. Efectivamente, pero ahí está la etiqueta del queso, expliqué.
Previa consulta con el gerente, la cajera que me atendía se llevó el queso para pesarlo. La acción me pareció lógica ya que sería un abuso del cliente pretender una devolución después de haber consumido buena parte del producto. No era el caso, yo le había dado apenas una mordida así que me quedé tranquilo. Error.
Cuando la cajera regresó me devolvió el dinero equivalente a lo que en ese momento pesó el manchego, o lo que es lo mismo, pretendía cobrarme la probada que le di a un queso malo. Le comenté que me parecía de muy mal gusto lo que estaban haciendo y pedí hablar con el gerente. "No se puede, está ocupado", contestó. "Espero", repliqué.
Y entonces hizo su aparición; un hombre bajito, flaquito, de pelo ralito, con la piel grasosa, portaba unos lentes que le cubrían la cara como si se tratara de una máscara hecha con un par de lupas atadas. Además, traía ganas de bronca.
No había terminado de llegar a donde yo estaba cuando desenfundó un rotundo "el queso no está malo". Debo confesar que su estrategia de acercamiento me tomó por sorpresa. El tipo no venía a escuchar, venía a pelear y eso no me lo esperaba. Le pregunté si lo había probado y me dijo que no. Le pedí que lo hiciera y me contestó que no lo hacía porque entonces se lo cobrarían a él, que el manchego no se echaba a perder y que comería queso manchego cuando se le diera la gana y no cuando yo se lo dijera.
En ese momento me di cuenta de con quién trataba: un amargado pedacito de burócrata recién sacado de la novela El Proceso de Kafka, sin la más mínima idea de lo que es el servicio al cliente.
Era mi turno y contraataqué con un "no soy ignorante" (una cosa es ser aprendiz y otra, ignorante) seguido de una larga lista de todo lo que compro en La Naval, donde semanalmente me gasto una suma nada despreciable. También le recordé que tenía cinco años comprando ahí (en realidad tengo 10, pero no quise sonar exagerado), que todo su personal me conocía y esperaba un mejor trato.
Creo que el tipo se dio cuenta de su error pero evidentemente no quiso aceptarlo y de manera despectiva le ordenó a la cajera que me devolviera el resto del dinero del queso. Su actitud hacia mí y hacia su gente me molestó bastante, así que le dije que no era asunto de dinero sino de atención al cliente. Con ello me di la media vuelta mientras le hice saber a él y al resto de los espectadores que jamás volvería a comprar ahí.
En verdad lo lamento. La Naval ofrece buenos productos y ahora tendré que invertir más que una caminata de cinco minutos para conseguirlos. Pero en un país donde la cultura del servicio al cliente es más difícil de encontrar que cualquier extravagancia culinaria, hay que exigir hasta las últimas consecuencias.
Estoy convencido que a la larga ellos son los que más pierden. Empezando por todas esas botellas de horchata de chufa que les compraba semana tras semana. Creo que era el único que las adquiría.
Fátima muestra ya señales de que será toda una sibarita. Al igual que su papá detesta la papaya y ve con desdén a las manzanas. Por el contrario, comparte conmigo la devoción por los higos, sin duda su fruta favorita. Si tiene tal gusto culinario a los ocho meses, sin duda superará a su padre. Para su quinto cumpleaños seguramente pedirá festejar en Bistro Mosaico en vez de McDonalds, cosa que garantizará una fiesta repleta de amigos... de sus papás, quienes seguro estarán muy contentos de comer boquerones y jamón serrano en vez de McNuggets.
Pero en lo que ese momento llega, Fátima y yo disfrutamos enormemente desayunar juntos. Vamos por una café al Toscano, caliento unos bisquets, les unto mermelada de naranja y decidimos de qué fruta haremos la papilla mañanera o si toca Gerber orgánico. De hecho, debo confesar que de vez en cuando le robo a Fátima algunas cucharadas de su desayuno; de ahí mi mas reciente receta, no apta para estómagos que han perdido su espíritu de niño.
Mientras muchos padres hacen papillas para sus hijos a partir de lo que ellos comen, yo he decidido hacer lo contrario, al menos hasta que Fátima pueda comer más allá de frutas, verduras y pollo.
La idea nació una mañana en la que con cada cucharada que le daba a Fátima, su Gerber orgánico de peras paseaba una y otra vez bajo mi nariz. Me pasé todo el día con el olor en la cabeza, imaginando cómo podría utilizar las sobras de su desayuno en mi cena.
Finalmente llegó la hora y voilá, rayé sobre el Gerber media nuez moscada y vertí una onza de licor de granada. Una vez mezclados los ingredientes, vacié el puré sobre una loncha de salmón a la parrilla.
El resultado fue sorprendente y ahora es más difícil que Fátima pueda desayunar papilla de peras.
Mi amigo KG me acaba de hacer el día enviándome esta información. La coyuntura es perfecta.
AP/ Tokio, Japón (19 septiembre 2007).-
Nintendo
sacará a la venta un videojuego sobre apreciación del vino, que enseña
cómo catar la bebida y permitirá a los novatos simular un profundo
conocimiento de todo lo relacionado con el néctar de los dioses. El
juego, que saldrá a la venta en noviembre, incluye instrucciones paso a
paso, desde elegir una botella de vino para una cena romántica, hasta
hacer girar el tallo de un vaso de vidrio entre los dedos, a fin de
hacer aflorar el aroma del vino cuando se lo saborea. El juego,
desarrollado por Square Enix de Tokio, también cuenta con un banco de
datos de 120 botellas escogidas de vino, un glosario, una prueba de
conocimientos de enología, y también una guía para hacerse pasar por un
experto en vinos, según un comunicado difundido este miércoles. "Este juego permite que el vino sea más accesible para todos", indicó el comunicado. El
juego llegará a los comercios el 15 de noviembre, a fin de coincidir
con el lanzamiento este año del Beaujolais Nouveau, un vino francés
popular a nivel mundial.
Apenas once mesas tras cruzar la puerta de una fachada de aluminio blanco que la mayoría pasaríamos por alto; sin embargo, una buena señal: todas estaban reservadas. Así que esa reacción pavloviana que tengo al sospechar una comida memorable empezó a despertar mis sentidos.
Para mi fortuna la tarjeta de reservación de una de las mesas tenía el nombre de mi amigo JEP, a quien le debo el descubrimiento de Charlotte, este exquisito bistro francés con toques de cocina asiática. Y aunque JEP aún no había llegado pedí la carta con la expectación de un niño frente a una caja envuelta para regalo.
Resultó ser un menú impreso en una simple hoja de papel bond, reflejo de la austeridad que caracteriza la decoración del local: paredes blancas adornadas con cuadros de paisajes europeos que parecían adquiridos en un tienda de saldos, mantelería blanca y rosa, vajilla también blanca; un local carente de prtensiones, más bien sobrio y correcto, como diciéndole al comenensal, "aquí no hay nada que ver, aquí se trata de degustar".
Lo hice desde que empecé a leer la oferta de platillos. Como buen bistro francés las entradas incluían caracoles en mantequilla de perejil y ajo, mejillones Marniere y foie gras de pato. Pero también sopresas de inspiración oriental como los callos de hacha con aderezo de jengibre. Tanto JEP como yo pedimos los caracoles; él porque se ha vuelto fan de la manera en que los preparan y yo porque simpre que los hay lo hago como homenaje a mi abuelo (lean la intro de este blog). Resultaron suculentos, con un sabor muy suave, inusual en este platillo que se caracteriza por una fuerte presencia de ajo. Me uní al club de JEP.
Tuve muchos problemas para escoger el plato fuerte. Había lengua de res con salsa de jerez, navarin de cordero, crepas de pato con pico de gallo de mango y chile, así como escalopas de ternera. Sin embargo opté por poner a prueba uno de los platillos asíaticos, así que pedí los camarones en salsa de chile rojo y leche de coco. Estaban deliciosos. Aunque tus prejuicios culinarios te dicen lo contrario, resulta sorpresivo lo bien que pueden llevarse el picor del chile con la leche de coco. Finalmente, como postre, merengue de chantilly con frutas rojas; una suculencia más.
No es gratuito que con frecuencia se pueda ver entre los clientes de Bistro Charlotte, con todo y filipina, a Enrique Olvera, uno de los chefs más destacados de México y cuyo restaurante, Pujol, está a unas cuadras de distancia.
Bistro Charlotte, Lope de Vega 341, Polanco. Tel: 5250 4180 / Domingo a viernes, de 13:00 a 18:00 hrs.
Prácticamente uno frente al otro, como si de vigilar al enemigo de cerca se tratara, dos magníficos restaurantes de comida peruana se disputan las preferencias de los comensales de Santa Fe.
Uno es La Mar, por Gastón Acurio, cuyo restaurante en Lima, Astrid y Gastón, está entre los 100 mejores del mundo según la revista Inglesa Restaurant. Ahí descubrí que Perú es más que Machu Pichu, llamas y Fujimori; que puede ofrecer una cocina sofisticada, herencia de su pasado indígena y español, aderezado con influencias japonesas. Y por si fuera poco está Gastón, quien le ha dado un toque moderno y creativo a esta cocina en la que destacan los ceviches acompañados por salsas llamadas leches, verdaderamente deliciosas.
Empecé con un ceviche mixto de pez dorado y mariscos con leche amarilla y quedé maravillado.
Después descubrí la mejor parrillada de mariscos de México. Cocinados en mantequilla y acompañados con cebollas moradas, estos mariscos quedan exquisitameente crocantes y suculentos gracias al toque especial que les da la matequilla.
Salí de La Mar asegurando que era mi nuevo restaurante favorito. Lamentablemente no ha sido fácil volver. Parece que muchos coinciden conmigo y si no llegas temprano es imposible obtener una mesa. Y los fines de semana no se aceptan reservaciones.
En el edificio de enfrente está Segundo Muelle. Menos bullicioso y con un ambiente más familar, su cocina no le pide nada a la de La Mar. Como era de esperarse, las cartas de ambos restaurantes son bastante similares. Quizá la diferencia mayor es que la cocina de Segundo Muelle es más tradicional. Sus ceviches los presumen como los más famosos de Lima (hay tres locales en la capital peruana).
Ahí tuve oportunidad de probar más platillos. Comencé con un tiradito de pescado y pulpo cocinado al limón (una especie de aguachile) con un toque de jengibre y camote glaseado. Conitnué con una Causa (algo parecido a la polenta pero más suave) rellena de pulpa de jaiba y con algo que me pareció buenísimo: chicharrón de pescado, es decir, trozos de pescado fritos. El postre también fue sorpresivo; un mousse de lúcuma, una fruta muy similar al mamey. De Segundo Muelle salí pensando si no me había precipitado asegurando que La Mar es mi nuevo restaurante favorito.
Y me lo sigo preguntando. Realmente no puedo decir si uno es mejor que otro, si a uno hay que conocerlo antes que al otro. Es mejor conocer los dos y visitarlos varias veces. Las sorpresas gastromómicas en la Ciudad son pocas y en estos dos locales se concentran buena parte de ellas.
La Mar: Juan Salvador Agraz 37, frente a la Toyota. 5292 9776
Segundo Muelle: Juan Salvador Agraz 40, junto a la Toyota. 5292 5550
Estaba el aprendiz de sibarita pensando en lo lento que atienden en Starbucks, cuando de pronto le llamó la atención ver a uno de los empleados del local explicarle en inglés la operación del drive thru a un hombre con una pinta bastante olvidable.
El tipo tendría unos 50 años y muy mal porte. Largo, flaco, narizón y encorvado sobre unos papeles como si se tratara de un zopilote protejiendo su alimento. Por lo mismo, el traje le quedaba todo chueco, como si lo hubiera confeccionado el mismísmo Picasso. "Algún supervisor de medio pelo", alcancé a pensar antes de volver la cabeza y pedir mi expreso doppio "no, sin cortar" (los reto a que algún día logren pedir algo en Starbucks sin que les hagan siempre una última pregunta).
Acabé mi expreso, me fui a mi oficina y no pensé más en el asunto hasta que horas después me topé con un amigo. Echador, escupí alguna frase tonta sobre lo tarde que regresaba a la redacción. Él me contestó que venía de entrevistar a Howard Schultz, fundador y chairman de Starbucks.
Se me cayeron los calzones; en ese momento me di cuenta que el tipo que había ninguneado era la versión 3D de una foto que alguna vez había visto del hombre más exitoso en la historia del negocio del café. Un hombre que con todo y su traje desaliñado gana 4 millones 798 mil 745 dólares anuales por dirigir una empresa que en en 2006 reportó ganancias por 7 mil 786 millones 942 mil dólares.
Así que llegué a casa y busqué en mi archivero el último reporte anual para accionistas; sí, gracias a Paco soy uno de ellos (hagan zoom en la foto con que inicia este post). Con él venía una carta de Schultz que parecía escrita pensando en mí y mi soberbia: "Muchas mañanas visito los locales que se encuentran en nuestra ciudad natal, Seattle. Pero otras veces hacemos una rápida parada en un Kiosko Starbucks del aeropuerto de Londres o discutimos frente a un latte en Beijing... Es una forma para conectar con gente en nuestras tiendas; un crucial recordatorio de la responsabilidad que tenemos con más de 40 millones de clientes semanales y con las promesas hechas a más de 145 mil colegas (empleados)". Vaya lección de humildad.
Tan buena como la que Paul Potts le enseñó al altanero de Simon Cowell en la versión inglesa de American Idol. Piensen en lo prejuiciosos que podemos ser mientras ven esto:
Casi un mes después desde mi último post heme aquí, retomando este esfuerzo por dejar en tinta-e las vivencias de un aprendiz de sibarita que no se puede quejar de lo ocurrido este verano.
Primera buena noticia: he retomado la coctelería con dos tragos clásicos que se disputan cuatro de las siete noches de la semana. Por lo general gana el Gin & Tonic, en un vaso jaibolero, con dos onzas de ginebra Bombay y 296 mililitros de Schweppes sobre sólidos hielos. Y si esta bebida tonificaba a los soldados británicos apostados en la India del siglo XIX, qué no hará con un agotado profesionista tras un arduo día de batallas ejecutivas.
Claro que si el día resultó más cardiaco de lo normal, entonces un Old Fashion resulta el ganador de la contienda. Angostura apenas suficiente para diluir un tarrón de azúcar , dos onzas de Jack Daniel's y mucho hielo convertirán tus peores pesadillas laborales en un asunto que no amerita distraer tu atención de lo que estás bebiendo.
Segunda buena noticia: Los lattes me están saliendo mejor que nunca.
Gracias a las recomendaciones de Salvador (Café Passmar) y de Fede (Frutos prohibidos), he logrado espumar una leche respetablemente compacta y sedosa.
Aunque aún me salen medio capuchinosos (me paso de espuma al servirlos), ahí van. Creo que el secreto ha sido utilizar leche fría y paciencia, no desesperarme y querer que la leche se compacte de inmediato. También ha servido sumergir la pipeta completamente en la leche una vez que ésta pasa de fría a tibia.
Luego está el viaje al lago de Atitlán y a la ciudad de Antigua, ambos en Guatemala. Belleza natural, colonial y culinaria. Sobre ello les cuento después.
Hacía
ocho meses que no visitaba la Bonne Table y prometo que no vuelvo a cometer
semejante error. De hecho en las dos últimas semanas he vuelto tres veces y he
sido muy feliz. En la primera visita de mi retorno disfruté de un chile en
nogada insuperable; en la segunda de un filete de pescado en hoja santa y hoy
degusté un espectacular parmentier, con lo que descubrí que con Marion no sólo se
come bien sino que se aprende.
Yo no tenía idea de qué era el parmentier y de hecho tuve que
preguntarle a Marion tres veces cómo me había dicho que se llamaba este
platillo hecho a base de puré de papa, carne y verduras. Ya con el nombre apuntado
en una servilleta, lo ingresé a Wikipedia y vaya historia que descubrí. No sabía que las papas fueran tan interesantes
Resulta que el parmentier es un platillo tradicional francés que se
puede hacer con carne, pescado, pollo y/o verduras siempre y cuando estos
ingredientes vayan sobre una cama de puré de papas. ¿Por qué? porque Parmentier
es el apellido de un científico que en el siglo XVIII se convirtió en el
garante de la papa, que en 1748 se prohibió cultivar porque se creía causaba
lepra.
De hecho la cruzada pro papa de Parmentier inició en la cárcel. Capturado
por los prusianos durante la Guerra de los siete años, la papa era alimento de
cerdos y reos. Finalmente, gracias a sus esfuerzos de promoción como un
alimento sano y barato, el tubérculo fue declarado por el gobierno francés como
apto para el consumo humano en 1772.
Parmentier también resultó ser un genio de la mercadotecnia. Organizaba
grandes comilonas a las que invitaba a personalidades de la época como Benjamín
Franklin y donde los platillos principales se hacían con papas.
También resguardaba sus campos de papa con hombres armados para
aparentar que ahí se cultivaba algo de gran valor, sólo para retirar a los
guardias por la noche y facilitarle el trabajo a los ladrones. Sin embargo, la
hambruna de 1785 que Francia logró superar gracias a las papas fue lo que
realmente las popularizó.
Hoy en día el parmentier es considerado un platillo tradicional que se hace cuando
hay que liberar al refrigerador de sobras, se tiene poco presupuesto y mucho
apetito. Sin embargo el de Marion es bastante más sofisticado. Evidentemente no
usa sobras sino tiernísima arrachera, verduras perfectamente horneadas y, cómo
no, un suculentamente cremoso puré de papa.
Todo esto para decir que si no has ido a La Bonne Table, de lo que te pierdes.
La
Bonne Table
Amores, casi esquina con San Lorenzo, Colonia Del Valle. Abierto de lunes a
viernes sólo para comer y los sábados para llevar. Muy recomendable si
necesitas resolver con éxito comidas, cenas o cualquier otro evento culinario. Tel. 56 88 10 82
Lástima; Salvador no logró pasar a las finales a pesar de que para mi
gusto, su especialidad era de las más originales y sofisticadas y por ello digna
de pasar a la final. Pero bueno, es la humilde opinión de un aprendiz que no
dejará de visitar el mercado donde Salvador tiene su cafetería para disfrutar
de sus expresos y lattes. A continuación conozcan a James Hoffman del Reino
Unido, flamante campeón mundial barista. Me encantó su rutina (empezando porque
utilizó música de Thom Yorke como fondo); llena de sorpresas y mucha
clase. El exprés se veía exquisito y el arte de sus lattes sin duda los
mejores entre los demás baristas. Su especialidad también me dejó salivando
aunque creo que la de Salvador era más interesante. Vean a James en
acción, después a Salvador y me dicen qué opinan.
James:
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Salvador:
El jueves sabremos el desenlace de la aventura de Salvador Benítez en Tokio, donde compite por el título de mejor barista del mundo.
Para darle seguimiento y conocer el nivel de sus rivales, a continuación un blog sobre el evento. Ya postearon el video de la presentación de Salvador y parece que le fue muy bien, salvo por el pequeño detalle de que se pasó del límite de tiempo por dos segundos.
Va la liga: http://zacharyzachary.com
No tienen Duff ni atiende Moe. Pero a cambio La folie belge presume una carta con 40 cervezas belgas y atiende el restaurantero Frederik Verkinderen, quien encantado te adentrará en el mundo de la cerveza de Bélgica, donde esta bebida se toma con tanta seriedad y tradición como el vino en Francia.
Como prueba, transcribo parte de la carta:
Chimay Rouge: Marrón claro, tiene un sabor vigoroso y presenta un aroma poderoso que deja solamente un pequeño lugar a la amargura. También cuenta con una nota de vainilla.
Anker Blonde: Rubia de alta fermentación producida artesanalmente con los mejores ingredientes naturales en la cervecería Het Anker ,establecida en Malinas desde 1369. Esta cerveza refrescará sabrosamente gracias a su balanceo y equilibrio entre maltas pálidas y lúpulos finos. Saboréela bien fresca.
Y así, nota de cata tras nota de cata, durante 38 cervezas más. Pero el mérito de este restaurante no termina ahí. El local también tiene su encanto culinario basado en la cocina tradicional belga. De hecho, creo que no hay mejor lugar en la ciudad si el objetivo es comer mejillones. Los preparan al vino blanco, a la provençal, al pernod (me encantaron) y mariniers. La orden es gigante, acompañada con papas a la francesa (acabo de decir una barbaridad... en realidad se inventaron en Bélgica) y su dotación de mayonesa; tal y como lo cuenta Vince Vega en Pulp Fiction. "They fucking drowned them in that shit".
También pedí una ensalada de endivias y salmón ahumado con vinagreta de mayonesa y cerveza Boscoli. Extiendan su cuello hacia afuera y hacia abajo, junten las palmas de sus manos y repetidamente hagan que sus dedos tengan contacto entre sí empezando por los meñiques y terminando con los índices. Ahora digan con voz maligna: ¡Excelente!
Me quedé con ganas de probar el lenguado (en varias presentaciones), el pastel de ternera con cervezas agridulces y croquetas de papa y un estofado de res, cordero y cerdo llamado Hutsepot.
Sin embargo, no sólo las cervezas y cocina belga hacen de éste un restaurante único. También el olor; una mezcla de malta y alfombra que me hizo recordar mi año de maestría en Londres, llena de idas al pub. "La memoria está en las cosas", decía un amigo; también en los olores.
La folie belge, Presidente Masaryk 513 (accceso por Platón) / 52 80 34 93
Allá, en Tokio, en este momento, son las 4:07 de la tarde (acá son las 2:07 de la mañana) y Salvador apenas estará entendiendo que Japón es otro planeta. Como si los nervios de estar a punto de participar en el campeonato internacional de baristas no fuera suficiente.
Que esté ahí, después de tanta espera y preparación es un ejemplo de la capacidad que los mexicanos tenemos para forjar nuestro propio futuro a pesar de las dificultades y las pocas condiciones que este país nos ofrece para cumplir con nuestros sueños. El Mexican dream no existe salvo para hombres como Salvador Benítez, un ejemplo más de la cultura del esfuerzo. Por ello, lo admiro.
Pero a pesar de lo que le ha costado llegar a donde está, a Salvador eso de irse a la segura no le va; le gusta el riesgo, el todo o nada. Es un apostador, y prueba de ello es la bebida que inventó para concursar en Tokio. Café exprés, hoja santa, alginato en polvo y un gotero de laboratorio químico son parte de su receta que, como me contó el propio Salvador, sólo será una de dos cosas: un éxito o un fracaso.
Y si esta bebida bautizada como Alegría ya logró despertar tu curiosidad como hizo conmigo, observen el único documento en video de lo que es esta preparación; una primicia cortesía de reforma.com
Para los osados o ilusos que quieran intentar hacer esta bebida en casa, va la receta, también publicada por Reforma. 4 porciones / Grado de dificultad: alto Ingredientes: 8 hojas santas, lavadas y desinfectadas 50 gramos de azúcar 300 mililitros de crema dulce al 30 por ciento 340 mililitros de agua 1.2 gramos de alginato en polvo (se consigue en Droguería Cosmopolita) 2 gramos de cloruro de calcio Preparación: 1 hora más el tiempo de refrigeración -Mezclar una carga de exprés con un cuarto de onza de jarabe de hoja santa. Jarabe de hoja santa: -Poner la hoja y el azúcar machados en 20 mililitros de agua y poner
la mezcla a fuego bajo para que los aceites de la hoja se impregnen en
el agua durante 4 minutos. Espuma de hoja santa: -Meter la mezcla a un sifón y agitarlo. Dejar el sifón en una cama de hielo durante 10 minutos. Esferas de café: -Dejar reposar la base en el refrigerador durante 24 horas. -Para hacer las esferas, llenar una pipeta de cristal con
dosificador o una jeringa con la mezcla y gotear el contenido en un
bowl que contenga 1 litro de agua mezclado con 2 gramos de cloruro de
calcio disuelto en agua. -Cuidar de no dejar mucho tiempo las perlas, 1 minuto máximo. -Pasar las perlas al agua fría para retirar los residuos de cloruro. Para montar: Nota: beber en sorbo para sentir la explosión de las perlas de café en la boca. Receta cortesía Salvado Benítez del Café Passmar, y el chef Nahúm Velasco
Café Alegría de Salvador Benítez
3 cargas (medida estándar) de café exprés
-Picar seis hojas santas y machacarlas bien con 30 gramos de azúcar.
-Mezclar crema dulce al 30 por ciento con una infusión de 2 hojas santas en 150 mililitros de agua.
-Mezclar dos cargas de exprés con 170 mililitros de agua y 1.2 gramos de alginato en polvo y 20 gramos de azúcar.
-En un vaso de vidrio verter una medida de exprés mezclado con el
jarabe de hoja santa, coronar con la espuma de hoja santa y decorar con
las perlas de café.
"Más vale el odio que el olvido", dice un bolero que seguramente serviría de consuelo a aquellos sitios que han sido víctimas de los hackers.
Déjenme anunciarles que este humilde blog ahora se codea con páginas como Windows y Linux en la lista de sitios hackeados. Y como prueba, pongan especial atención en el título del blog que aparece en la imagen.
La alerta llegó vía mail a mi celular. Un amigo me escribió diciendo que me habían hackeado y me enviaba la foto que ahora comparto. Yo estaba en plena calle, sin manera de poder hacer algo al respecto. Un escalofrío corrió por mi espalda.
De pronto, mientras tarareaba el bolero ya mencionado, la mueca de desconcierto cambió por una de satisfacción. No a cualquiera, pensaba yo, no a cualquiera.
Después vino el verdadero desconcierto. Llamé a otro amigo para que revisara el sitio desde su computadora:
- ¿Qué le notas de extraño al blog?
- Nada...
- ¿Seguro? Fíjate bien. ¿Qué dice el título?
- Diario de un aprendiz de sibarita, ¿por?
Entonces, como dice otra canción, "todo se derrumbó"; caí en la cuenta de que había sido una broma y que sigo siendo aquel aprendiz de media tabla que fluctúa entre el décimo tercer y trigésimo lugar del ranking de Google.
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